Notas e historia
Día de la invasión de los Balaur, capítulo 1
(Este es un registro de un antiguo Daeva).
Hoy en día, los Daevas no temen al Dredgion. Por supuesto, saben que si se topan con uno, perderán sus PV y tendrán que resucitar, pero no parecen sentir un miedo atávico hacia él.
Sin embargo, yo todavía me despierto a veces empapado en sudor. El terror de aquel primer encuentro con el Dredgion se manifiesta en mis pesadillas. Ha pasado mucho tiempo, pero el impacto y el escalofrío de aquel momento siguen grabados vívidamente en mi memoria.
El Dredgion apareció de repente un día. No hubo señales que presagiaran la llegada de una entidad tan aterradora. No obstante, por aquel entonces, los movimientos de los Balaur eran sospechosos. Aquellos seres, que siempre combatían como si estuvieran sedientos de sangre, no mostraron actividad alguna durante un tiempo. No atacaron fortalezas ni artefactos, y ni siquiera asaltaron a los emisarios que se desplazaban para entregar noticias.
Como estábamos sumidos en combates diarios contra los Elyos para dominar la situación en Reshanta, no nos percatamos de que el comportamiento de los Balaur era extraño. Estábamos luchando encarnizadamente contra los Elyos en el Archipiélago del Árbol de Azufre cuando sentimos una energía poderosa e indescriptible que emanaba del Ojo de Reshanta.
Claramente no era aura de Od, pero cualquiera podía sentir aquel mal presentimiento. Las unidades de Akan y de Guardianes detuvieron el combate al unísono para observar el Ojo de Reshanta. Lo que empezó siendo un punto diminuto creció en un instante hasta revelar su colosal y aterradora figura.
Supe por instinto que se trataba de los Balaur. Un terror inmenso me invadió y sentí el deseo de huir, pero hice un esfuerzo desesperado por concentrar mi PM y mantenerme en mi puesto. Aun así, una profunda sensación de desesperación me inundó al pensar que era imposible ganar.
«¡Son los Balaur! ¡Detenedlos!». En cuanto el comandante dio la orden, todos los miembros de la brigada volaron hacia el Dredgion. También pude ver a los Guardianes volar hacia allí en formación. Al acercarnos al Dredgion, los compañeros que iban en cabeza empezaron a caer. Acto seguido, rayos rojos y azules comenzaron a llover por todas partes.
Mientras yo me quedaba paralizado tras recibir un rayo azul, mis compañeros caían con las alas desplegadas tras ser alcanzados por los rayos de un rojo intenso. Lo mismo les ocurría a los Guardianes que se aproximaban por el otro lado. En un abrir y cerrar de ojos, multitud de alas blancas se desplegaron para luego desvanecerse. Al pasar cerca de un rayo rojo, muchos compañeros perdieron sus PV.
El comandante ordenó la retirada total, pero el Dredgion no nos dio tiempo. Los rayos brotaban de todas partes —de la proa, los laterales y la cola—, por lo que era imposible esquivarlos. El primer encuentro con el Dredgion dejó cicatrices y un terror espantoso tanto en Asmodianos como en Elyos.
Más allá del daño físico, no había forma de superar el pavor psicológico de que hubiera aparecido un enemigo tan formidable e imparable. Informamos sobre la aparición del Dredgion al comandante supremo, pero no se podía esperar una respuesta adecuada sin conocer la identidad del enemigo. Durante un tiempo, temblamos de miedo en cada batalla, pero el Dredgion no volvió a aparecer.
<Continuará en el capítulo 2>